Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Apenas hubo tiempo para que llamaran al padre González. A poco de llegar éste al patio de San Cristóbal exhaló Guadalupe el último suspiro.
Expiró a las siete menos cuarto. Tras los acostumbrados rezos, las buenas lavanderas tomaron posesión del cuarto mortuorio. Doña Pancha declaró desde luego, que, por expresa recomendación de Ortiz, se hacía cargo de la huérfana; nadie hizo objeción y la pobre muchacha fue confinada al departamento más remoto. Doña Pancha, doña Manuela y Petrita hábilmente secundadas por la casera, procedieron a tender el cadáver en el pobre lecho, sobre una sábana blanquísima.