Explore "La calandria" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Durante la cena estuvo Carmen silenciosa y pensativa.
Ni la afabilidad del padre González ni el buen humor de Angelito la hicieron sonreír, y eso que el monago, ahito de tamales, no probó un solo platillo, y pasó el tiempo charlando como una cotorra y remedando al sacerdote que había cantado la misa el día de San Rafael. Imitaba los gestos y la voz del clérigo de tal modo, que el cura no pudo menos que confesar la exactitud de aquella irrespetuosa imitación, y hasta olvidó reprender al píllete, como tenía costumbre de hacerlo siempre que éste se permitía tales faltas en la mesa.