Explore "Los parientes ricos" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Avanzaba el carruaje por la calzada de la Reforma, avanzaba lentamente el cupé y a cada lado del paseo, muy mal iluminado en la segunda mitad, los altos y desairados eucaliptos de cada lado, parecían desfilar en fúnebre pompa, como revestidos de negros sudarios hechos jirones. Era obscura la noche, y no había en la inmensa y solitaria avenida más claridad que la de los titilantes y mortecinos focos eléctricos que en cada tramo esparcían insuficiente luz, buena parte de la cual se perdía entre el follaje, proyectando negras y colosales sombras.
Por las calles laterales uno que otro transeúnte medroso y asustadizo, que fatigado y urgido, iba o venía bajo la penumbra de las arboledas, las cuales, allá a lo lejos, en el distante y oscurísimo fondo se estrechaban y perdían en una noche impenetrable, que hacia lo alto estaba rota por la silueta vaga del alcázar, cuyas vidrieras iluminadas le daban aspecto de palacio en noche de fiesta. Un simón desvencijado, o próximo a desvencijarse, ruidoso y de vidrios retemblantes, apagada la linterna del lado izquierdo, estaba detenido poco más acá de la última rotonda, y otro, igualmente torpe, venía hacia la ciudad, como cansado y falto de aliento. Al pasar frente al otro coche, el cochero lanzó agudo y vibrante silbido, que fue contestado por el auriga del carruaje parado, como si correspondiera a la señal inteligente de su compañero.