Explore "Los parientes ricos" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Toda la noche sopló el sur, y sopló terrible e impetuoso, de modo inesperado en días de mayo, y como sopla en noviembre, pasado el cordonazo de San Francisco. Bufaba en las avenidas, aullaba en los techos, gemía en los aleros y tejados, y parecía vocear allá a lo lejos en barrancos y bosques, en los fresnos y en los álamos del río, y lanzaba agudos silbidos en los alambres del alumbrado y del telégrafo.
Cuando el canónigo, gran madrugador, listo para ir a celebrar, abrió el balcón, con deseo de contemplar la hermosura del valle a la luz arrebolada del sol naciente, un torrente de polvo y de arena vino sobre él, y le obligó a cerrar la vidriera. A través de los cristales miró hacia la calle y hacia las inmensas montañas que limitaban por el sur la vega del Albano. El cielo semejaba brillante turquesa; la luz inundaba el caserío y los cuadros de caña sacarina. El sol, esplendoroso y purpúreo, surgía inmenso, como un disco de rubí, cuya luz inundaba de sangre las cumbres de Mata-Espesa, los llanos de San Pablo del Río, y los cafetales de Fuentelimpia. El viento desatado alzaba nubes de polvo en las calles, levantaba faldas y arrebataba sombreros a los transeúntes, y pasaba agitando y quebrantando ramas, esparciendo frondas, doblegando copas, y derramando por todas partes sequedad y fuego. Y seguía por el valle, rumbo al poniente, y a las veces escalaba las montañas. En la colina del Recental revolvía, en oleadas, las mil espigas de salvajes gramíneas; y por el selvoso San Cristóbal maltrataba ramajes y deshojaba ramilletes. En un huerto cercano, entre los platanares hechos trizas, entre los sauces estropeados, sólo una araucaria excelsa, gallarda y olímpica, resistía los embates del huracán, siempre victorioso, ilesa su pértiga esbeltísima, galanas e intactas sus plumas de esmeralda.