Explore "Los parientes ricos" by Rafael Delgado on Textopian. Read with annotations and highlights.
Quedó vacía la casa, la cual pudo ser entregada, desde luego, a su propietario, pero doña Dolores, según lo usado y tradicional en la familia, no quiso hacerlo hasta que todo quedase debidamente aseado.
Vino un carpintero, y se le ordenó que revisara aldabas, pestillos y picaportes, y asimismo que pusiera dos cristales en la vidriera del comedor, en lugar de los que habían roto los mozos de cordel al sacar los muebles para empacarlos. Mientras el carpintero trabajaba, tres mujeres lavaban el suelo de las piezas interiores. La familia se había reducido a las habitaciones próximas a la sala, y las señoritas se veían en grave trance cuando llegaban visitantes y éstos eran en mayor número que las sillas que tenían, de modo que fue preciso pedir prestadas unas cuantas a la madre de Martita.