El libro de las tierras vírgenes by Rudyard Kipling

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¡Por nuestras claras, límpidas noches, por las noches de los rápidos corredores, por el hermoso batir la selva, la vista de largo alcance, por la buena caza, por la astucia de resultados certeros! ¡Por el aroma matinal, que humedece el rocío aun no evaporado! ¡Por el placer de ir tras las piezas que con terror incauto locas huyen! ¡Por los gritos de nuestros compañeros cuando al derrotado sambhur han cercado! ¡Por los riesgos de los excesos de la noche! ¡Por el grato y dulce dormir de día a la entrada del cubil! ¡Por todo esto vamos a la lucha! ¡Muerte, guerra a muerte juramos!

Fue después de la invasión verificada por la selva cuando empezó para Mowgli la parte más placentera de su vida. Sentía aquella buena conciencia que proviene de haber pagado sus deudas; todos los habitantes de la selva eran sus amigos y ellos sentían un cierto temor de él. Las cosas que llevó a cabo, que vio y que oyó cuando vagaba solo o en unión de sus cuatro compañeros, daría origen a muchos, muchos cuentos, tan largo cada uno de ellos como el presente. Así pues, no os referiré su encuentro con el elefante loco de Mandla que mató veintidós bueyes que conducían once carros de plata acuñada que pertenecía al tesoro nacional, esparciendo por el polvo las brillantes rupias; tampoco os narraré su lucha con Jacala, el cocodrilo, durante toda una noche en los pantanos del Norte y cómo rompió su cuchillo de desollador en las placas de la espalda del animal; ni tampoco cómo encontró otro cuchillo más largo que pendía del cuello de un hombre que había sido muerto por un oso, y cómo siguió las huellas de este oso y lo mató, como justo precio por aquel cuchillo; ni cómo quedó cogido en una ocasión, durante la Gran Hambruna, entre los rebaños de ciervos que emigraban y fue casi aplastado por ellos; ni cómo salvó a Hathi el Silencioso de caer por segunda vez en una trampa que tenía un palo afilado en el fondo, y cómo, al día siguiente, cayó él mismo en otra de las que ponen para coger leopardos, y cómo entonces Hathi hizo pedazos los gruesos barrotes de madera que la formaban; ni cómo ordeñó a hembras de búfalos salvales en los pantanos; ni como.

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