El valdemaro by Vicente Martínez Colomer — Read

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La Desesperación, rabiosa furia infernal, viendo que por el auxilio y máximas del anciano se le escapaba la presa que tantas veces había tenido entre sus manos, se levanta de su asiento perturbada, grita, da horribles silbidos y hace estremecer el abismo. Vístese al momento de una triste ropa teñida de negra sangre, se ciñe con una terrible serpiente y, sacudiendo con entrambas manos sus cabellos enroscados de viboreznos, sale del oscuro centro y con vuelo rápido y lúgubre se endereza a la gruta del anciano. Párase junto a un funesto ciprés y dando un espantoso aullido dice

«¿Qué es esto? ¿Qué se ha hecho mi antiguo poder? ¿Cómo tan descuidadamente estoy mirando la ruina y eversión de mi soberbio imperio sin solicitar trazas para evitar golpe tan funesto? ¿Sufriré que un caduco viejo arrebate la víctima que iba a sacrificarse en mis aras? ¿Quién habrá en adelante que, a vista de tan extraño ejemplar, ofrezca inciensos ni perfumes en mi augusto templo? ¿Heme olvidado acaso de lo que soy? ¿No soy yo la Desesperación, la misma que ha preparado lazos y hierros para las nobles gargantas y pechos nobles de los más valerosos héroes? ¿No soy yo la que arrojé a Saúl sobre su misma espada? ¿No publica la fama los sacrificios que me ofrecieron Sagunto y Numancia? ¿Publio Licinio Craso no sacrificó su vida en mis sangrientas aras? ¿Eccelino y Catón no derramaron su ilustre sangre.? Pero, ¡triste de mí!, ¿qué importa que en los pasados tiempos se sacrificasen en mis aras tan ilustres víctimas, si se me niega ahora una ofrenda que tantos días hace que deseo? Valdemaro. ¿Podré nombrarlo sin avergonzarme?

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