Explore "Las dos emparedadas" by Vicente Riva Palacio on Textopian. Read with annotations and highlights.
Marta la Apipizca, había obedecido ciegamente a don Guillén y estaba al servicio de doña Inés.
El aspecto simpático de la muchacha, el aire de inocencia que tan bien sabía tomar y el aseo con que iba vestida, interesaron vivamente a doña Inés, y la admitió en su casa.