Explore "Las dos emparedadas" by Vicente Riva Palacio on Textopian. Read with annotations and highlights.
Subía rápidamente el muro que fabricaban los criados de doña Inés de Medina, y llegó por fin a no dejar descubierto más que el rostro de doña Laura. Entonces don Guillén, que presenciaba silenciosamente la operación, hízoles señal de que se retirasen, y quedó sólo con la emparedada.
Doña Laura no gemía; miraba sólo con asombro al Señorito, que permanecía en pie delante de ella, cubierto el rostro con el antifaz de terciopelo y teniendo en la mano el farol que había alumbrado la operación.