Explore "Las dos emparedadas" by Vicente Riva Palacio on Textopian. Read with annotations and highlights.
Marta quedó exenta de toda sospecha, y continuó gozando de la confianza de doña Inés.
Al siguiente día de la muerte del marqués de Río Florido pidióla permiso para salir, con pretexto de ir a calmar a su familia, inquieta por lo que se contaba en México respecto a los acontecimientos de la noche anterior: concedióle doña Inés la licencia, y la Apipizca se fue directamente a la casa del Señorito.