Explore "La enamorada indiscreta" by Pedro de Répide on Textopian. Read with annotations and highlights.
Habló D. Diego con Marcos al salir del vergel de los duques, y éste aconsejóle que pusiese cuanto antes término a tan enojosa aventura. Pero no bien habían andado algunos pasos, cuando Lisarda entregó a D. Diego un billete en que Renata pedía el hablarle sin falta aquella misma noche y con grande urgencia. Determinóse don Diego a acudir al llamamiento con la presteza demandada, y despidiendo a su escudero, siguió a la dueña, hasta la puerta oculta y la escala secreta. Vióse de pronto en una estancia suntuosísima con tapices de tan raro gusto y lujo por las paredes, y muelles escabeles y blandas acitaras que más llevaban a la pereza que a la diligencia. Un braserillo donde se quemaba canela y ámbar, hacía oficio de pebetero y aromaba el agradable ambiente.
Levantóse uno de los tapices y apareció Renata ataviada con el mismo vestido carmesí y la gorguera de batista finísima, y las mismas preseas que en la fiesta, pues tocábase con la "lenza", que es como llaman en Toscana a la diadema que llevan las damas próceres, y traía sobre su pecho un primoroso cintillo de topacios y de diamantes. Estaba cubierto el pavimento con una pérsica alcatifa de tal modo, que los perlados chapines de Renata no movieron ruido ninguno y el absorto D. Diego no advirtió su presencia hasta tenerla junto a sí. Y fué notable su maravilla cuando la vió caer de rodillas ante él y con mil protestas y juramentos solicitarle que sin pérdida de tiempo mostrara a su padre la calidad de su persona y cómo podía ser digno esposo de su hija, para que la pidiera en matrimonio. Llegó la desventurada en su desvarío a pedirle que la llevara consigo a su posada, con lo que por evitar que se siguiera el escándalo, el mismo padre acudiría con el clérigo para los desposorios. Y esto decía aquella niña criada con tal cuidado y esmero en el santo temor de Dios por el más severo y amante de los padres. Que a tan notables extremos de locura lleva a las criaturas humanas el ciego amor, ministro del infierno y arma de Satanás.