Explore "Memorias de un impostor" by Vicente Riva Palacio on Textopian. Read with annotations and highlights.
En una de las calles inmediatas al templo de la Merced, se hacía notable una casa, de apariencia humilde, pero que revelaba inmediatamente el bienestar de sus moradores: sin pretensiones de grandeza, sin escudos ni emblemas sobre la entrada, sin esas macizas puertas, tachonadas de bruñidos clavos de bronce y con escandalosos llamadores, figurando cabezas de sátiros o de leones; sin nada, en fin, que acusara un deseo de ostentación, aquella casa parecía estar siempre de fiesta: era lo que verdaderamente puede llamarse alegre.
Cuantos pasaban por primera vez por aquel barrio, entonces floreciente y comercial, se detenían involuntariamente a mirar el ancho patio, sembrado de flores y sombreado por algunos arbustos cuidadosamente educados, a escuchar los cantos de los zenzontles, de los jilgueros y de otros pájaros americanos que se mecían en graciosas jaulas; y hubo transeúntes afortunados que encontraron abiertos los encerados de las anchas ventanas, y acercándose a las fuertes rejas que las guardaban, descubrieron en el interior de las habitaciones elegantes muebles, tapizados de brocado, y en los pavimentos ricas esteras chinas.