Vida de Pedro Saputo by Braulio Foz — Read

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¡Oh!, ¡cuántas clases, especies y géneros de ladrones hay en el mundo! Unos con trajes de caballero, otros con el de pillos. Unos roban desde su casa, a pie firme y a lance seguro; otros en la calle, en el campo, en los caminos; habiéndolos en todas partes y para todo, y estando tan poco libres de ellos los palacios y aun las mismas coronas de los reyes, como la más solitaria aldea y la fruta más ruin del árbol que crece solo en el desierto. Pero en tanta variedad y diferencias de ladrones, cuatreros y tahures, ningunos más serenos y rematados que los historiadores; y aun presumiendo mucho de honrados sólo porque no hurtan para ellos. Pero por eso el hurto no deja de ser hurto, y el despojo, despojo. A fe, a fe que si los despojados no fueran muertos, generalmente, que no siempre les estuviera bien su atrevimiento.

Ha de saber el lector, que un autor extranjero ha quitado a Pedro Saputo el hecho y comisión de este capítulo, para darlo a un personaje arrapiezo que jamás ha existido, y a quien finge una vida y aventuras tan enatizas como la persona, para entretener a gente música, a mozos de tienda; pajes, lacayos y niños de la escuela. Y luego quiere disimular y realzar la bajeza de su invención con alegorías del tiempo de entonces, que así medren mis enemigos como dicen a la fábula y su puro significado. Siempre han hecho esto los extranjeros; especialmente los italianos y los franceses, habiendo casi llegado a decir aquéllos que el Gran Capitán aprendió a montar a caballo de un padrone que tuvo en la Calabria; y éstos, que Cervantes nació en la tienda de un barbero de Versalles. ¿Qué extraño es, pues, que hombres de tan poco aquel (vergüenza iba a decir) se hayan propasado a quitar a Pedro Saputo la gloria del hecho que referimos? Lo que yo más siento es que lo hayan atribuido a un sujeto de tan poco valor, y cuya ridiculez y desprecio ha corrompido la gracia, ajado el color y revocado la dignidad de la acción en el héroe almudévano. Pero tendrá su mérito propio, original y primitivo, mal que le pese al menguado biógrafo que adornó con ella la vida de su arrugado monstruoso engendro.

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