Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Anduvo aún por allá algunos otros pueblos, y se acercó al Cinca pasando por Barbastro, donde sólo visitó a la siempre amable Antonina, aunque llevaba cuatro doncellas en lista, no por desprecio de ellas, sino porque de Barbastro no quería amistad ni deudo. Inclinó su dirección al oriente hacia arriba para subir a la Ribagorza, y llegó a la Puebla de Castro, donde paró en el mesón, no llevando registro de aquel pueblo. Era el mesonero hablador, alegre, franco y muy atento. A los postres pidió licencia y entró en el cuarto de Pedro Saputo, y le dijo que si quería madrugar un poco le podía servir, porque pensaba ir a la feria de Graus a divertirse un rato, y en voz baja añadió: y traerme una criada para ama de llaves, porque se me casa la que tengo, y la cocinera no vale sino para los pucheros y los tizones.
Llegó en esto un labrador, y le hizo entrar diciendo: -Este hombre, señor caballero, es cuñado mío, hermano de mi difunta. Me casé hace dieciséis años, y nos dieron a mí un campo y a ella otro; y entre los dos, que los sembré aquel año, cogí dos cahíces y medio de morcacho, y antes ya me parió la mujer. Yo comencé a decir: pues estás bien, Juan Simón; no tienes donde sembrar hogaño, y la Felipa te va a parir todas las pascuas. Malo, Juan Simón, porque no habrá pan. ¿No habrá?, dije, pues ha de haber, a discurrir. Y discurriendo y no durmiendo m'ocurrió, un específico que algún santo me lo puso en la cabeza. Y le dije a mi mujer: cariño, ya he discurrido un modo para que no nos falte; ya puedes parir sin miedo. Mira, Felipa, en este mundo sólo es deshonra tres cosas: ser pobre, no tener dinero y llevallos. -De eso último ya te libraré yo, dijo ella. -Calla boba, le respondí yo; no va por ti, que ya sé que no piensas ponérmelos. Pues sí señor, le dije; eso sólo es deshonra en este mundo, y no otra cosa. -Vamos Juan Simón, dijo el cuñado, que algunas otras cosas hay. -Ya lo sé, replicó el parlante; pero la verdad es la verdad, y en lo demás no se repara. Déjame hablar y no me golfees las palabras. Mi Felipa s'alegró mucho y yo dije: ya ves que en este lugar nadie quiere ser tendero ni mesonero, porque lo tienen por afrenta, y los arrieros y viajeros no saben a do parar, y andan pidiendo favor y lo pagan más caro y están mal servidos.