Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Uno de los mayores engaños que se padecen en el mundo es que no todos los burros llevan albarda ni andan a cuatro pies y herrados como deberían, porque así no tropezaría uno con tantos que parecen otra cosa. A lo menos les creciesen las orejas, que es el distintivo más propio; pero ni eso. ¡Oh qué bueno que sería! Siquiera Pedro Saputo los conocía con sólo mirarles a la cara; y desde niño, como se vio en lo que le dijo del vecinito que su madre le proponía por modelo de aplicación a las letras, pero hay artes y ciencias que mueren con sus autores; ésta fue una de ellas. La que después han fundado los modernos fisionomistas llamados cerebristas o frenólogos, es otra; el que no ve nada en los ojos y en todo el rostro, poco verá en el cráneo, y sobre esto, que me asen vivo.
En estos ejercicios y juegos pasó todavía algún tiempo, cuando una noche después de cenar y de estar un rato callado y pensativo dijo a su madre con resolución: -Madre, esta noche quiero dárosla buena: mañana si os parece iré a la escuela. -Sí, hijo; sí que me parece, respondió su madre alborozada; sí que quiero que vayas a la escuela. ¡Gracias a Dios! Buena noche me das, hijo: bien lo has dicho: de gozo no voy a dormir. ¡Ah! Si supieras lo que he padecido cuando me decían que criaba un holgazán, y si tenía muchos juros y renta para criallo a lo caballero. Agora sí que soy dichosa. Porque mira, hijo, que soy tu madre, y estamos los dos solos en el mundo. -Y bastamos, contestó él: los dos y el de allá arriba (señalando el cielo con la mano) contra todo el mundo si nos es contrario; que no será madre, no, sino muy favorable.