Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Iguales en lo esencial y desiguales en lo accidental hizo a los hombres la naturaleza. Y aunque es cierto que en esa desigualdad se contienen las causas del orden primitivo general de la sociedad, y aun de la condición de los individuos por sí en particular, pero lo que es la autorización no procede de esas causas sino de las que hacen al padre digno de respeto para el hijo, al anciano para el joven, y al magistrado para el ciudadano; siendo todo lo demás usurpación, presunción, orgullo, soberbia. Ninguna autoridad representaba el hidalgo para reprender a la Pupila; y la caridad, si por la caridad lo hubiera hecho, habla y obra de otra manera. Sobre todo para denostar, para ultrajar, para insultar y afrentar al pobre, al desgraciado, al infeliz, ninguna ley da derecho; y es el orgullo tan grave ofensa del cielo, que rara vez deja de castigarlo, haciéndonos ver tarde o temprano humillado al soberbio, así como exaltado al humilde. Entre tanto ya castigó como pudo el niño Pedro la insolencia con que el hidalgo baldonó a su madre, y aún se reservaba mayor venganza como daban a entender sus palabras.
Llegó en tanto a casa de su madrina, pues el encuentro de la plaza no le distrajo de su propósito y cabalmente la encontró ocupada en prevenir unas telas o paños y echar cuentas para unos vestidos que habían de hacerse, debiendo tener el sastre al otro día. Al oír esto Pedro Saputo se alegró y dijo: -Muy bien, señora madrina, muy bien me viene; porque con esta ocasión comenzaré mañana a aprender el oficio de sastre. Madrugaré y vendré antes que el maestro para ver todas sus operaciones. Pareció bien a la madrina, porque nada de su ahijado le podía parecer mal, pero extrañó que quisiera aprender aquel oficio habiendo ella concebido cosas más altas. Calló, empero, temiendo la respuesta de Pedro, que tan fácilmente confundía a todos.