Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Oh libertad preciosa, / no comparada al oro / ni al bien mayor de la espaciosa tierra! / ¡Más rica y más gozosa / que el preciado tesoro / que el mar del Sur entre su nácar cierra! / Con armas, sangre y guerra, / con las vidas y, famas / conquistadas en el mundo; / paz dulce, amor profundo. / Que el mal apartas y a tu bien nos llamas: / en ti sola se anida / oro, tesoro, paz, bien, gloria y vida.
No quería Pedro Saputo perder este oro, este tesoro, esta paz, este bien, esta gloria y esta vida que tanto encarece aquí el poeta, y que con un solo nombre siempre dulce y amado llamamos libertad. No la quería perder, y ya estaba sin ella, porque la verdadera libertad tanto está en el espíritu como en el cuerpo, y él tenía el espíritu con las prisiones del miedo tan oprimido, que en ninguna parte sosegaba y de ningún modo se gozaba, como si con una cuerda elástica desde Huesca le hubiesen atado el alma, y él pugnaba por romper la ligadura y sujeción, y no le era posible. Hacía de su cuerpo lo que quería, y con todo no era libre, porque con el temor de la justicia cuyos ministros le parecían todos los hombres, no tenía paz ni descansaba, ni osaba mirar a cualquiera que pasaba a su lado. Y si fue mucho encarecimiento decir, como lo dijeron algunos filósofos antiguos, que el hombre sabio y justo aun en la esclavitud no dejará de ser libre, pero quitando un poco de ese extremo a esta opinión sistemática y poniéndola en el otro término, es innegable que en la libertad del cuerpo no está esencialmente la del ánimo, y que cuando éste carece de ella, también le falta a aquél porque no se asegura. Así que padece el hombre muchas esclavitudes, o esclavitud de muchas maneras, las cuales se pueden reducir a una sola explicación general, diciendo que es causa de esclavitud todo lo que oprime o inquieta el ánimo, y que por consiguiente sólo puede ser verdadera y constantemente libre, el hombre justo y animoso, el hombre de bien y sereno, el hombre de conciencia clara y pura que nada teme, sobre todo si se contenta con su suerte, y no le trae inquieto y desvelado la ambición, la codicia u otra pasión lanzada a sus viciosos términos.