Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cobré mi sexo, dijo; o al menos su dignidad y su decoro; ése es el sol: a toda la tierra alumbra, y toda la tierra es mía. Perdone mi madre, no vuelvo por ahora a su cariño. Y diciendo esto menudeaba el paso y caminaba con nuevo sabor y contento pareciéndole que era la primera vez que hacía uso de su agilidad. No sabía a dónde iba, y sólo cuidaba de dar la espalda a su tierra, viniese lo que viniese. Pero vio no lejos una sierra toda vestida de árboles y muy cerrada, y enderezó a ella para atravesarla con propósito de desayunarse en lo alto mirando atrás y delante para ver el país y el cielo que dejaba y el que iba a registrar por primicias de su viaje. Acometió a subir la cuesta; y viendo a un lado una quebrada con una selva espesísima se fue allá, y la amenidad del sitio le convidó a sentarse, y luego sacando su provisión, fineza de sor Mercedes y la madre priora, comió para todo el día, porque en levantándose de allí no pensaba parar sino para beber de la primer agua que encontrase; y se puso a reflexionar en la temeridad de haberse metido en el convento pareciéndole entonces tan grande arrojo, que temblaba de pensarlo. Había dormido poco la noche pasada; y hallándose muy cómodamente sentado y recostado contra un terreno se quedó dormido.
No hacía aún una hora que dormía, cuando acertaron a pasar por allí cerca unos estudiantes que iban de motus, que como jóvenes y de pies ligeros buscaban los atajos aun en donde no los había por el gusto de no ir por el camino. Viéronle y se acercaron; le miraron un rato, y él dormir que dormirás. Su apacibilidad, su juventud, su hermosísimo rostro, aquel negro cabello suelto que tanto le había adornado de mujer y ahora hacía gloria a la vista, encantaron a los estudiantes, y uno de ellos dijo: -¿Qué le falta a este mozo para ser un ángel? ¿Qué no daría por serle padre el mismo rey de España e Indias? -Dejémosle en paz, dijo otro. -No, replicó otro, que le hemos de despertar y llevar con nosotros. Habló el cuarto (pues no eran más) y dijo lo mismo, y pareciendo bien a los dos primeros le despertaron gritando uno de ellos: expergiscere, frater, et surge. (Que quiere decir: despierta hermano y levántate.) Despertó en efecto, no por la fuerza del latín, que él no entendía, sino por el sonido de las palabras que entraron en sus oídos; y al verse delante los cuatro licenciados, pensó de pronto si serían alguaciles; pero violes algunos instrumentos músicos y reparando en el traje adivinó lo que eran. -Noli turbari, dijo el mismo, escolastici enim sumus, et te miramur et amore prosequimur.