Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquella noche dieron consigo en una aldea de más de sesenta y ocho casas, y llegados entre dos luces y haciendo alto en la plaza tocaron un poco los instrumentos para llamar la atención. Pronto estuvieron rodeados de gente dejando muchos la cuchara en el plato por venir a oírlos. Paquito a una seña les hizo formar el púlpito, salta en él y dice en tono oratorio y grave: «Hijos y señores de esta ciudad: no penséis que estos cinco estudiantes venimos a pediros el pan que os habéis de comer ni los dineros que tenéis condenados a muerte, porque somos bastante ricos para no necesitar nada de lo que tengáis más menester y falta. Mucho menos venimos a saber lo que vuestras mujeres han hecho hoy o hicieron ayer; aunque si quisiéramos bien os sabríamos decir lo que harán mañana. Ni menos venimos a haceros ricos, porque esta operación y pensamiento la guardamos para nosotros; pero tampoco pobres, aunque hoy nos deis de cenar y cama y mañana lo que nos cumpla. A lo que venimos es a quitaros cavilaciones y ahorraros de ciento dieciséis visitas de vuestro médico si lo tenéis; aunque según yo conjeturo o no tenéis, o le pagáis y no os visita.» Y era la verdad, porque se habían concertado con el médico de otro lugar mayor y nunca iba a éste si no le llamaban, salvo a firmar la escritura y cobrar su cuanto.
Oíale embelesada aquella gente, se reían como bobos, y él al paso que se internaba en la materia se soltaba en chistes y maliciosas alusiones, pero arrebozando mucho la idea para que a nadie causasen rubor; y concluyó preguntando si los escolásticos habían de dormir en la plaza y cenar rayos de luna y resplandores de las estrellas. Luego se acercó un hombre de buen talante que dijo ser el alcalde y pidió dos para su casa; y otro de buenas trazas pidió los tres restantes; y otro de no peores indicios pidió los cinco; y por buena composición y tomando la mano Paquito, porque aún había otros que querían llevárselos, se acordó que cenarían en cinco casas, uno en cada una, y dormirían en dos las más vecinas entre sí para separarse menos. Pero que antes, para alegrar a tan nobles vecinos, darían una vuelta por el lugar tocando los instrumentos, que eran una vihuela, un violín, una pandera y el pito.