Explore "El corsario negro" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Durante aquella larguísima jornada, ni Van Guld ni sus marineros dieron señales de vida. Parecía como si estuviesen tan seguros de dar caza a los filibusteros refugiados en la cima del monte que consideraban innecesario molestarse en precipitar el ataque.
Lo más probable era que quisieran obligarles a rendirse cuando se vieran atacados por el hambre y la sed. De esta forma, el gobernador lograría su propósito, que era el de coger vivos a los filibusteros para ahorcarles, como había hecho en tantas ocasiones, en la plaza de Granada de la ciudad de Maracaibo.