Morriña by Emilia Pardo Bazán — Read

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La última noche que la familia Pardiñas pasó en Madrid antes de marchar á su tierra, vino mucha gente á decirles adiós, y se formó una pequeña tertulia animada y sin etiqueta. A fines ya de Junio, el momento más hermoso para salir y buscar sociedad era realmente entre diez y once de la noche, cuando corre un sano aire fresco hasta por las abrasadas callejuelas del Madrid antiguo, del que ni tiene arbolado ni casi goza los beneficios del riego municipal. Bajaron las vecinas del segundo, sobrinas de un brigadier de ingenieros, y acudió también la marquesa viuda de Andrade, paisana de doña Aurora, señora guapetona y maja, bastante conocida en los círculos aristocráticos, y acostumbrada por consiguiente á recogerse tarde. La señora de Pardiñas, al encontrarse rodeada de visitas, se dedicó á agasajarlas lo mejor que pudo y supo, dejando girar libremente la conversación, que versaba sobre cosas del país donde iba á volver después de tantos años. La Marquesa, alegre y rozagante, habló de irse pronto á Vigo, y enseñó un brazalete nuevo, con zafiros y brillantes, dando á entender que había en él cierto misterio. «Esta anda otra vez con intenciones de maridar-pensó doña Aurora.-¿Quién será el galán? Dios se la depare buena.»

Rogelio había abandonado la reunión impensadamente, sin decir oxte ni moxte. La retirada no se le pasó por alto á su madre, pero sobre que no podía evitarla, descubrió otros motivos de resignarse: «Pocas son las malas fadas; al fin mañana nos vamos.» Esclavitud aún se le figuraba un peligro y un compromiso, pero ya muy remoto. «Mañana á estas horas estaremos cerca de Avila. ¡Cuándo oiré el silbato del tren!»

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