Satiricón by Petronio

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Allí vi a Giton, triste y confuso, recostado contra la pared y teniendo en la mano unas toallas de baño.

Se adivinaba que no estaba satisfecho con su servicio, y mientras yo le miraba para convencerme de que era él mismo, advirtió mi presencia y volvió hacia mí su rostro, en el que resplandecía la más viva alegría. -Compadécete de mí, exclamó, amado mío; aquí no brillan las armas y puedo hablar con franqueza: Líbrame de ese ladrón cruel, aunque castigues duramente ese servicio; por más que bastante castigado estoy al verme privado de tu afecto.Le ordené que cesara de quejarse para no atraer sobre nosotros la atención de los curiosos, y dejando a Eumolpo en el baño, declamando uno de sus poemas, por tenebrosos y fétidos lugares, saqué de allí a Giton y llegué con él a mi albergue.

En él sequé con ardientes besos las lágrimas que bañaban su rostro, y durante algún tiempo la emoción nos impidió pronunciar una sola palabra.

Los sollozos quebrantaban el pecho de Giton: -¡Qué hombre tan indigno soy!, exclamé.

Te amo a pesar de tu abandono, y al buscar en mi pecho la herida que me produjiste, ni la cicatriz hallo. ¿Por qué amores peregrinos me olvidaste? ¿Merecía yo semejante injuria?-Viéndose amado Giton tomó una actitud más audaz. -Pero, proseguí yo, no quise otro árbitro que tú mismo para fallar quién de los dos, Ascylto o yo, te merecía, Sin embargo; ya no me quejo; todo lo olvido si tu arrepentimiento es sincero.-Dicho esto, gemí derramando un torrente de lágrimas.

Giton secándolas con su manto: -Sé justo, amado Encolpio, me dijo; apelo a la fe de tu memoria. ¿Te abandoné yo, o me traicionaste tú?

Con toda franqueza lo confieso: cuando os vi armados a los dos, me puse del lado del más fuerte.

Al oír una respuesta tan sensata, arrójeme a su cuello y besé su boca; y para probarle que había vuelto a mi gracia y que le amaba tan tiernamente como antes, le prodigué mis más dulces caricias.

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