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No pude contener las lágrimas, y agobiado por la tristeza -¿Es eso, le dije, señora, lo que nos habéis prometido?- Batió ella las manos alegremente, y-¡Hombre agudo, respondió, qué donosa salida!. ¿Qué? ¡Acaso te he prometido que impediría que te forzasen?. -A lo menos, repliqué, corramos todos la misma suerte.
Ascylto saborea tranquilo el reposo. -Bueno; que le llegue su turno a Ascylto, ordenó Quartilla.-Y mi caballero inmediatamente dejome en paz, cambiando de montura para importunar con sus impuras caricias a mi compañero.