Explore "El rostro de la noche" by Edgar Wallace on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pocos criados gozaban la libertad y el confort de Jim Tonger. El piso superior de la casa de Portman Square era para él. Allí tenía un dormitorio, un gabinete, un cuarto de baño, especialmente dispuesto por su indulgente señor, y allí acostumbraba pasar largos ratos de la noche, enfrascado en infinitos cálculos matemáticos, con ayuda de una pequeña ruleta, porque Tonger había empleado una gran parte de los ocios de su vida en perfeccionar un sistema que produjese un día el terror y la consternación en el ánimo de los banqueros del Casino de Montecarlo.
Estaba, de otra suerte, ocupado aquella noche, cuando el agudo timbre instalado sobre su puerta sonó. Salió de la habitación apresuradamente, cerrando la puerta tras de sí, y se presentó ante Lacy Marshalt, que estaba esperándole en su despacho con más prisa de la que este caballero imaginaba.