El Escudo de Armas by Edgar Wallace — Read

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El comisario superior de la Jefatura de Policía de Londres es un funcionario imponente. Pero el comisario Landy no lo era en modo alguno. Era alto, muy delgado y cadavérico. Llevaba corbatas inverosímiles, y hablaba en tono de aburrimiento y cansancio. Sin embargo, los funcionarios policíacos que tenían que tratar con él se cuadraban en su presencia y le decían señor, cualquiera que fuese el grado de su jerarquía; todos, excepto T. B. Collett, que no pertenecía a la rama ejecutiva ni a la administrativa. Tenía el grado de inspector jefe, pero nadie le llamaba jefe. En una ocasión había actuado de comisario superior en ausencia de Landy y había aceptado con calma el homenaje que invariablemente olvidaba él rendir al jefe legítimo del departamento. Tenía un despacho tan confortablemente amueblado como el de un comisario; sin embargo, no figuraba su nombre en la lista publicada anualmente por Scotland Yard. Oficialmente, era el enlace entre Scotland Yard y las fuerzas policíacas extranjeras. Había prestado servicio en la India. A diferencia de los comisarios, tenía facultad y autoridad para detener. Pasaba en el Archivo la mayor parte del tiempo y escribía notas confidenciales que nadie de Scotland Yard leía, pero que se conservaban cuidadosamente en el Ministerio del Interior.

A nadie disgustaba; nadie le tenía envidia, lo que era, en realidad, un hecho muy notable. También él se comportaba con gran cautela, evitando rozamientos, y hasta cuando intervino en el caso Thorne-Lees -el famoso asesinato que tanto conmovió a la opinión- sin autoridad ninguna y condujo personalmente a míster Abe Lees al patíbulo de Pentonville, no molestó su entretenimiento en el campo de investigación. Alguna otra persona dio la cara, porque T. B. Collett no apareció por el Tribunal.

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