Explore "Insolación y Morriña" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Bien sabe Dios que cuando al siguiente día, de mañana, salí á oir misa á San Pascual, por ser la festividad del Patrón de Madrid, iba yo con mi eucologio y mi mantillita hecha una santa, sin pensar en nada inesperado y novelesco, y á quien me profetizase lo que sucedió después, creo que le llevo á los tribunales por embustero é insolente. Antes de entrar en la iglesia, como era temprano, me deslicé á dar un borde por la calle de Alcalá, y recuerdo que, pasando frente al Suizo, dos ó tres de esos chulos de pantalón estrecho y chaquetilla corta que se están siempre plantados allí en la acera, me echaron una sarta de requiebros de lo más desatinado; verbigracia:-Ole, ¡viva la purificación de la canela! Uyuyuy, ¡vaya unos ojos que se trae V., hermosa! Soniche, ¡viva hasta el cura que bautiza á estas hembras con mansanilla é lo fino!-Trabajo me costó contener la risa al entreoir estos disparates; pero logré mantenerme seria y apreté el paso á fin de perder de vista á los ociosos.
Cerca de la Cibeles me fijé en la hermosura del día. Nunca he visto aire más ligero, ni cielo más claro; la flor de las acacias del paseo de Recoletos olía á gloria, y los árboles parecía que estrenaban vestido nuevo de tafetán verde. Ganas me entraron de correr y brincar como á los quince, y hasta se me figuraba que en mis tiempos de chiquilla no había sentido nunca tal exceso de vitalidad, tales impulsos de hacer extravagancias, de arrancar ramas de árbol y de chapuzarme en el pilón presidido por aquella buena señora de los leones. Nada menos que estas tonterías me estaba pidiendo el cuerpo á mí.