Insolación y Morriña by Emilia Pardo Bazán

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Convengamos; pero también en que Pacheco, habiéndose portado tan correctamente al principio, no debió luego echarla á perder. Si yo, por culpa de las circunstancias-eso es, de las circunstancias inesperadísimas en que me he visto,-pude darle algún pié, á la verdad, ningún caballero se aprovecha de ocasiones semejantes; al contrario, en ellas debe manifestar su educación, si la tiene. Yo me trastorné completamente, por lo mismo que nunca anduve en pasos como éstos; yo no estaba en mi cabal juicio, no señor; yo no tenía responsabilidad, y él, el grandísimo pillo, tan sereno como si le acabasen de enfriar en el pozo. Lo dicho: ¡fué una osadía, una serranada incalificable!

Cuanto más lo pienso. ¡Un hombre que hace veinticuatro horas no había cruzado conmigo media docena de palabras; un hombre que ni siquiera es visita mía! Cierta heroína de novela, de las que yo leía siendo muchacha, en un caso así recuerdo que empezó á devanarse los sesos preguntándose á sí propia: «¿Le amo?» ¡Valiente tontería la de aquella simple! ¡Qué amor ni qué!. Caso de preguntar, yo me preguntaría: «¿Le conozco á este caballero?» Porque maldito si sé hasta ni cómo se llama de segundo apellido. Lo que sé es que le detesto y le juzgo un pillastre. Motivos tengo sobrados. ¡Que se ponga en mi caso cualquiera!

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