Explore "Insolación y Morriña" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Lo bueno fué que la dama, lejos de mostrar extrañeza, saludó á Pacheco como si el encontrarle allí á tales horas le pareciese la cosa más natural del mundo, y, recíprocamente, Pacheco empleó también con ella todas las fórmulas de cortesía acostumbradas cuando un caballero se dirige á una señora de cumplido, respetable, ya que no por sus años, por su carácter y condición. Se hizo atrás para dejarla pasar, y al seguirla al saloncito de confianza, donde ardía sobre la mesa de tijera la gran lámpara con pantalla rosa velada de encaje, se quedó próximo á la puerta y en pié, como el que espera una orden de despedida.
-Siéntese V., Pacheco.-tartamudeó la señora, bastante aturrullada aún.