Página rota by Joaquín Dicenta — Read

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Cuando, finada su obra, pudo Alejandro dejar el Monasterio, Magda se había ausentado de Madrid.

La perentoriedad de las circunstancias y el no hallar un contrato teatral en condiciones aceptables, la obligaron a constituir sociedad con otros artistas y a embarcarse en Barcelona al objeto de dar conciertos en las Islas Canarias y Azores. Después, ya vería. Lo urgente era ganar dinero para atender a las urgencias de Milán; a las más inmediatas, se entiende. «Las otras. Aun queda tiempo para ocuparme de las otras -escribía Magda en una de sus cartas. Vamos a lo presente; tú, amor mío, termina la comedia cuanto antes, estrénala con el éxito, que doy por descontado, y en cuanto reúnas unos centenares de pesetas, métete en un vapor y ven a mi lado; sin ti se me vuelven siglos los minutos ¡Tengo tantos besos hormigueándome en la boca!»

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