Explore "Una sociedad mejor" by John Kenneth Galbraith on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la sociedad moderna, el nivel general de vida, así como las restricciones socialmente necesarias de la actividad privada, es el resultado del sistema y las decisiones democráticas. Este arreglo está lejos de ser perfecto o apacible; todos los días la prensa y los medios de comunicación informan sobre los conflictos políticos y presiones que rodean estos asuntos y sobre cómo se han resuelto. Y en esta discusión hay un evidente problema elemental y dominante. El nivel de vida privado, como se ha subrayado antes, se beneficia de un apoyo entusiasta, a menudo infatigable; esa es la función de todo vendedor, de toda publicidad, de toda la promoción de productos y servicios. Por el contrario, el nivel de vida público -escuelas, parques, bibliotecas, fuerzas de la ley, transportes públicos y muchas cosas más- no cuenta con ese apoyo. La consecuencia, bien conocida, es que la televisión sea dispendiosa y las escuelas mezquinas, las casas limpias y las calles sucias, lo que yo caractericé en una ocasión como riqueza privada y suciedad pública. Pero dentro de la misma asignación a los objetivos públicos hay un error especialmente insigne en la distribución de los recursos. Es el que se comete en el reparto entre necesidades civiles y necesidades militares, y es el resultado de un serio defecto del sistema democrático.
En Estados Unidos la decisión sobre los gastos públicos se adopta mediante una combinación de los poderes legislativo y ejecutivo. El factor determinante y dominante en toda acción pública es el dinero que se le asigna. La ley puede especificar mucho; si no se dispone de dinero no será mucho lo que ocurra. Tanto la rama legislativa como la ejecutiva del Estado están sometidas, a su vez, a la elección de la ciudadanía en general, convirtiéndose así la fuerza determinante del dinero en una manifestación directa y eficaz de la autoridad democrática. O eso se da por sentado. De hecho, hay una importante excepción a este control democrático, que es el poder militar. Esto ha ocurrido a menudo en otros países, sobre todo en los llamados del Tercer Mundo. No obstante, Estados Unidos es en la actualidad un ejemplo especialmente claro. La jerarquía militar estadounidense decide de hecho y con independencia sobre su propio presupuesto, sobre la cantidad y el uso del dinero que recibe.