Explore "Torquemada en la Cruz" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡La primera vez que perdonaba réditos! Confuso y mareado durante toda la mañana, se sentía en presencia de una estupenda crisis. Veía como un germen de otro hombre dentro de sí, como un ser nuevo, misterioso embrión, que ya rebullía, queriendo vivir por sí dentro de la vida paterna. Y aquel sentimiento novísimo, apuntado como las ansias de amor en quien ama por vez primera, le producía una turbación juvenil, mezcla de alegrías y temor. Dirigiose, pues, a casa de las señoras del Águila, como el novato de la vida, que después de mil vacilaciones, se decide a lanzar su primera declaración amorosa. Y por el camino estudiaba la frase, rebuscando las que tuvieran el saborete melifluo que al caso correspondía. Dificultad grande era para él la palabra suave y cariñosa, pues en su repertorio usual todas sonaban broncas, ordinarias, como la percusión de la llanta de un carro sobre los desgastados adoquines.
Recibido, como el día anterior, por Cruz, que se asombró mucho de verle, estuvo muy torpe en el saludo. Olvidóse todo el diccionario fino que preparado llevaba, y como la dama le preguntase por la feliz circunstancia a que debía el honor de tal visita, disparóse el hombre, a impulsos de la expansiva ansiedad que dentro llevaba, y allá como el diablo le dio a entender fue echando de su boca este chorretazo de conceptos: "Porque verá usted, señora doña Cruz.