Explore "Torquemada en la Cruz" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
La amistad entre Donoso y Torquemada se iba estrechando rápidamente, y a principios del verano, D. Francisco no ponía mano en cosa alguna de intereses sin oír el sabio dictamen de hombre tan experto. Donoso le había ensanchado las ideas respecto al préstamo. Ya no se reducía al estrecho campo de la retención de pagas a empleados civiles y militares, ni a la hipoteca de casas en Madrid. Aprendió nuevos modos de colocar el dinero en mayor escala, y fue iniciado en operaciones lucrativas sin ningún riesgo. Próceres arruinados le confiaron su salvación, que era lo mismo que entregársele atados de pies y manos; sociedades en decadencia le cedían parte de las acciones a precio ínfimo, con tal de asegurar sus dividendos, y el Estado mismo le acogía con benignidad. Todo el mecanismo del Banco, que para él había sido un misterio, le fue revelado por Donoso, así como el manejo de Bolsa, de cuyas ventajas y peligros se hizo cargo al instante con instinto seguro. El amigo le asesoraba con absoluta lealtad, y cuando decía: "Compre usted Cubas sin miedo", D.
Francisco no vacilaba. Armonía inalterable reinaba entre ambos sujetos, siendo de admirar que en la intervención de Donoso en los tratos Torquemadescos resplandecía siempre el más puro desinterés.