Explore "Torquemada en la Cruz" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pausa. "¡Qué hermoso era el jardín de mi casa!. y lo será todavía, aunque oí que le han quitado una tercera parte para construir casas de vecindad. ¡Qué hermoso era el jardín, y qué horas tan gratas he pasado en él!. Paréceme que entro en el hotel y subo por la escalera de mármol. Allí las soberbias armaduras que poseía mi padre, adquiridas de la casa de San Quintín, parientes de los Torre-Auñón. En el despacho de mi padre están Donoso, D. Manuel Paz, el general Carrasco, que delira por los negocios, y envainando para siempre su espada se dedica a hilvanar ferrocarriles, el exministro García de Paredes, Torres, el agente de Bolsa, y otros puntos. Allí no se habla más que de combinaciones financieras que no entiendo. Me aburro, se ríen de mí; me llaman don Galaor. Insultan en mí a la diplomacia, que el general llama, remedando a Bismarck, vida de trufas y condecoraciones. Me largo de allí.
Paréceme que veo el despacho con su chimenea monumental, y en ella un bronce magnífico, reproducción del Colleone de Venecia. En los stores bordados los escudos de Torre-Auñón y del Águila. La alfombra, de lo más rico de Santa Bárbara, es profanada por los salivazos del agente de Bolsa, que al entrar y al salir parece que se trae y se lleva en la cartera toda la riqueza fiduciaria del mundo. Y todo eso es ahora polvo, miseria; y los gusanos le ajustan a mi padre la cuenta de sus negocios. Torres el agente se pegó un tiro en Monte Carlo tres años después, y el general anda por ahí miserable, paseando su hemiplejía del brazo de un criado. Sólo viven él y Donoso, petrificado en su suficiencia administrativa, que a mí me carga tanto, aunque me guardo muy bien de decírselo a mis hermanas, porque me comerían vivo".