Un antiguo rencor by Georges Ohnet — Read

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Cuando la señorita Guichard supo que Fortunato tenía un niño á su lado, su primer impulso fué esparcir el rumor de que sería algún pilluelo escapado de Mettray ó de la prisión de jóvenes que éste había recogido en la calle para jugarla una mala partida; pero, contra lo que ella esperaba, la historia no hizo fortuna. Todo el mundo había conocido al señor Aubry, el padre del huérfano, y la generosa intervención de Roussel fué bien juzgada. Su primo Bobard, astuto abogado, llegó á insinuar que el acto era hábil, porque, decidido á permanecer soltero, Roussel se proporcionaba un heredero como medio de desheredar á la señorita Guichard si moría antes que ella.

Clementina no había prestado nunca atención al desagradable pensamiento de que si ella era heredera de su primo Fortunato, también éste debía heredarla, en su caso. En un momento, esa perspectiva abierta por Bobard la sublevó. ¡Cómo! ¡Algo de lo suyo podría ir á su enemigo! ¡Podría éste jactarse de haberse desembarazado de su odio al mismo tiempo que se apoderaba de su herencia! ¡Tendría la alegría salvaje de verla descender á la tumba de familia y de gozar después no sólo de la fortuna del tío Guichard, sino de la suya propia! ¡Nunca! Sus cabellos se erizaron de horror, y exclamó:

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