La hermana de la caridad by Emilio Castelar

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En efecto: á la hora prefijada, el coche estaba á la puerta del convento. Angela había dado todas las instrucciones, había ocurrido á todas las necesidades de aquella portentosa obra de caridad. Comenzó por arreglar una bata riquísima, blanca, y adornarla con lazos azules, y la envió en el coche para que vistieran á Margarita. En efecto: la pobre mujer á cuyo cuidado estaba la altiva Margarita, la vistió, sin que ella echase de ver apenas aquel súbito cambio: tan enferma estaba. Bajáronla con sumo cuidado, y la colocaron en el coche. El coche comenzó á rodar por calles y calles, hasta que llegó á la puerta de un jardín.

Abríeronse las puertas y entró el coche en un hermoso paraíso.

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