Explore "Los Merodeadores de Fronteras" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
En el momento en que la caravana llegaba al sitio designado para hacer alto, el sol había desaparecido por completo en el horizonte.
Aquel paraje, situado en la cumbre de una colina bastante escarpada, había sido elegido con esa sagacidad que distingue a los arrieros del Tejas o de Méjico; toda sorpresa era imposible, y los árboles seculares que guarnecían la cresta de la colina podían ofrecer seguro abrigo contra las balas en caso de un ataque.