Explore "Los Merodeadores de Fronteras" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el Jaguar se marchó de la venta del Potrero, iba poseído de extremada agitación; las palabras de la joven resonaban en su oído con un acento irónico y burlón; la última mirada que le había dirigido le perseguía como un remordimiento: el joven se arrepentía amargamente de haber interrumpido de una manera tan brusca su conversación con Carmela, estaba descontento de la manera en que había respondido a sus súplicas, en fin, se hallaba en la mejor disposición de ánimo imaginable para cometer uno de los actos de crueldad a que con sobrada frecuencia le había arrastrado su carácter violento y que habían marcado su fama con un sello vergonzoso, actos que se arrepentía en extremo de haber cometido cuando era ya demasiado tarde.
Corría a escape tendido por medio de la pradera, ensangrentando con las espuelas los ijares de su caballo, que se encabritaba a impulso del dolor, profiriendo maldiciones ahogadas, y dirigiendo en torno suyo unas miradas tan feroces como las de una fiera cuando anda en busca de una presa.