Se murió un Papa by Martín Caparrós — Read

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Se murió un Papa –cosa que sucede cada muerte de muchos obispos– y fueron unos días muy raros. Personas, personajes y corrientes que se definen como ateas o agnósticas se dedicaron a cantar las mil maravillas de un hombre que dedicó su vida a representar a ese dizque dios en el que ellos no creen, y terminó por ser el jefe de la empresa formada alrededor de esa creencia. Nadie nunca habría conocido al señor Jorge Mario Bergoglio si no hubiera sido el monarca absoluto de un pequeño Estado y una gran organización que lleva veinte siglos formando y deformando nuestro mundo. Y, sin embargo, muchos que critican su función lo olvidaron por un rato –separaron al hombre del cargo que le dio todo su sentido– para construir un papa bueno.

La Iglesia católica es una monarquía absoluta donde los nobles feudales designados por los monarcas anteriores para mandar en cada territorio eligen a uno de ellos para que reine sin fronteras hasta que muera o desespere, con ese poder agregado de pretender que lo que dice como rey es absolutamente verdadero y que si está en ese trono es porque a su dios, a través de un espíritu santo, se le dio la gana. Y es una organización riquísima que siempre estuvo aliada con los poderes más discrecionales –más parecidos al suyo–, que lleva siglos y siglos justificando y participando en masacres, dictaduras, guerras, retrocesos culturales, sociales y técnicos; que torturó y mató a quienes pensaban diferente, que llegó a quemar a quien decía que la Tierra giraba alrededor del Sol –porque ellos sí sabían la verdad.

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