Explore "No contar todo" by Emiliano Monge on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pero el blanco en el que Emiliano se siente perdido, no durará muchos años más.
Y es que apenas tres años después de la muerte de Polo -tres años en los que habrá de empezar a estudiar Arquitectura; en los que habrá de abandonar esta carrera, como antes, en su mente, abandonara los proyectos de estudiar Medicina, Biología, Periodismo, Cine y Letras, para inscribirse en Ciencias Políticas; en los que habrá de abandonar a su novia de la prepa por la primera estudiante de la UNAM que le dirija la palabra; en los que va a acabar un día en el hospital, convencido y habiendo convencido a todo el mundo de que se había quedado ciego; en los que habrá de suplantar a varios de sus amigos de pubertad y adolescencia, Sergio, Ivette, el Enano, Olivia, Piru y Óscar, por los muchachos que lo van a acompañar durante los cinco años siguientes, es decir, hasta que éstos, Iván, Rodian, Tere, Emilio y Mariana, sean también abandonados; en los que habrá de imaginar, con Rafael, cien maneras de hacerse absurdamente ricos; en los que habrá de resolver el enigma del tío Polo gracias al padre de Iván, ese otro periodista sinaloense que también debió huir de aquel estado porque Polo ordenó: Lo quiero muerto; en los que habrá de renunciar a su equipo de futbol: las Águilas, en nombre de ese otro equipo al que debía, pensaba entonces, de irle con el alma y sobre todo con la mente: los Pumas; en los que habrá de hacer tabula rasa con la música que hasta entonces había oído para escuchar esa otra música, que no entendía ni le gustaba, pero que era la que todos escuchaban; en los que engañará, junto con Rafael, a otros siete amigos, convenciéndolos de haber dado con la fórmula para ganar en la quiniela del futbol; en los que buscará olvidar varios autores que poco antes le encantaban, por vergüenza, pero también porque había conocido otros escritores, unos escritores que leían los demás y por los cuales no podía sentir vergüenza; en los que habrá de renegar de su forma de vida en nombre de otra que tampoco tendría el valor de imponerse como propia; en los que habrá de recorrerse, como también había hecho su padre, hacia la izquierda, lo más hacia la izquierda que sus mil contradicciones permitían, y en los que el coraje hacia su padre, es decir, hacia Carlos Monge Sánchez, se volvería un sentimiento más profundo y más complejo, pues, a pesar del dolor que le infligía, Emiliano renovaría también la admiración que hacía años sintiera y que después hubiera amagado con sentir de nueva cuenta, sintiéndose orgulloso de aquel hombre que, sin embargo, acabaría de marcharse- acaecerá la muerte de su abuela.