No contar todo by Emiliano Monge — Read

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El día que murió Carlos Monge McKey, tres años y diez meses después de la muerte de su abuela -tiempo en el que cual, Emiliano habrá perfeccionado su ser siendo otras personas: su tío Antonio, por ejemplo, con su casa en Acapulco, su esposa hipersexual y cálida y sus negocios millonarios; la líder de la huelga en la que él no se atrevió a instalarse más que apenas tres o cuatro días, pero en la que, de acuerdo a su relato, estuvo casi cinco meses; o el político en cuya campaña presidencial Emiliano no hará más que leer los periódicos, aunque diga que escribía los discursos de aquel hombre; las mujeres que, allá en Chiapas, conseguían acostarse con el líder guerrillero; la compañera de vivienda de su novia, quien no sólo escribía, sino que vivía de su escritura; Guillermo, aquel maestro argentino cuya juventud robó y contó Emiliano como si hubiera sido suya; Ruth, su primera novia realmente importante y a quien entonces admiraba, entre otras cosas, por haberse hecho a sí misma y sin ayuda de nadie; Adolfo, ese otro maestro, igualmente emigrado, cuyos artículos memorizó y declamó como si hubieran sido suyos; la maestra en cuya cama despertó el 11 de septiembre de 2001 y con quien luego dibujó, en la pared de una cocina, el par de torres sobre las cuales llovieron después varios aviones de papel; aquel primer mentor literario en cuyas exageraciones, falsedades y mentiras Emiliano comprendió que lo que había atraído de los otros y lo que había puesto en esos otros también podía ponerlo o tomarlo de un yo y de un otro imaginarios-, Emiliano recibió la noticia en Chichihualco, a donde había viajado un par de días antes, tras no haberlo hecho en varios años.

Apenas colgó el teléfono, tras despedirse o pensar que se había despedido de Mireya, la novia de Carlos Monge McKey, Emiliano se dejó caer sobre la silla más cercana, sin tener claro qué debía sentir y sin saber, tampoco, qué debía hacer consigo mismo. Así que esto se siente, murmuró entonces en voz baja: Así que esto sentiste cuando ellos se murieron, añadió recordando a su padre e inclinando el torso.

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