Explore "La Piedra Angular" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Telmo, al despertar, se metió los puños en los ojos, lamentando haber perdido el sueño, que era bonito. ¡Como que se trataba de revistas, paradas y simulacros, y él se había visto a sí propio convertido en Capitán General de Cantabria, luciendo un uniforme todavía más majo que el de gala, ostentando plumeros, penachos, galones, cordones, estrellas, caracoleando sobre brioso alazán tostado, y con un sable formal, formal, no de palo, sino de reluciente acero!
El despertar no podía ser más distinto de lo soñado. El niño vio a su alrededor lo de todos los días, cuadro feo y triste: el camaranchón sórdido, descuidado, inmundo, que sudaba por todos sus poros desaliño y abandono. ¡Cuánta melancolía transpiraban las paredes con su revoque negruzco; el piso de baldosa desigual y cenicienta, mal cubierto aquí y allí por viejísimos ruedos; las prendas de ropa, bastas, de mal corte y paño burdo, más sucias que raídas, pendientes de clavos; las dos camas de hierro pintadas de un azul carcelario, frío, con sus mantas de tonos apagados y terrosos, y sus sábanas agujereadas, divorciadas del agua y del jabón!