El último tótem by Francisco Rojas González

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LOS INDIOS emigrantes vagaron varios días sin derrotero; poco a poco los grupitos desperdigados en el desierto se fueron reuniendo y una atardecida halló juntos a todos los supervivientes. Entonces los ancianos tomaron el acuerdo de buscar a los jóvenes y a los adultos, que en aventura de pesca y caza habían salido, semanas antes del desastre, con rumbo a la costa. Se discutió la forma de conseguir aquel propósito y todos estuvieron de acuerdo en que el viejo Cuenicabra, rastreador afamado, flaco y largo como un gancho de cortar pitahayas, buscara las huellas de sus hermanos.

Partió el rastreador masticando entre sus dientes blanquísimos algunos renuevos de mezquite; su figura se fue empequeñeciendo a los ojos de los que se quedaron, hasta hacerse imperceptible, untada en la extensión arenosa.

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