Explore "Seda" by Alessandro Baricco on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hervé Joncour permaneció por horas entre las ruinas del pueblo. No conseguía irse, aunque sabía que cada hora perdida podía significar el desastre para él y para toda Lavilledieu: no tenía huevos de gusano e incluso si los hubiera encontrado no le quedaban más que un par de meses para atravesar el mundo antes de que se abrieran por el camino transformándose en un cúmulo de larvas inútiles. Incluso un sólo día de retraso podía significar el fin. Lo sabía; sin embargo, no se animaba a irse. Así permaneció allí hasta que ocurrió una cosa sorprendente e irrazonable: de la nada, de un momento a otro, apareció un chiquillo. En harapos, caminaba con lentitud, mirando al extranjero con miedo en los ojos. Hervé Joncour no se movió. El chiquillo dio todavía unos pasos más y se detuvo. Permanecieron mirándose, a pocos metros uno del otro. Después el chiquillo sacó algo de debajo de los harapos y temblando de miedo se acercó a Hervé Joncour y se lo ofreció. Un guante. Hervé Joncour vio de nuevo la orilla de un lago, y un vestido naranja abandonado en el suelo, y las pequeñas olas que posaba el agua en la ribera, como impulsadas, allí, desde lejos. Tomó el guante y sonrió al chiquillo.
-Soy yo, el francés. el hombre de la seda, el francés, ¿me entiendes?. soy yo. El chiquillo dejó de temblar.