Explore "Seda" by Alessandro Baricco on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando se despertó, vio a su alrededor el pueblo que se aprestaba a ponerse en camino. Ya no había tiendas. La litera todavía estaba allí, abierta. La gente subía a los carros, silenciosa. Se levantó y miró alrededor por un largo rato, pero sólo eran ojos de aspecto oriental los que cruzaban los suyos y enseguida se bajaban. Vio hombres armados y niños que no lloraban. Vio los rostros que tiene la gente cuando huye. Y vio un árbol, al borde del camino. Y colgado de una rama, ahorcado, al niño que lo había llevado hasta allí.
Hervé Joncour se acercó y durante un rato se quedó mirándolo, como hipnotizado. Después cortó la cuerda amarrada al árbol, recogió el cuerpo del chiquillo, lo posó en el suelo y se arrodilló a su lado. No era capaz de apartar los ojos de ese rostro. Así, no vio al pueblo ponerse en camino; sólo sintió, a lo lejos, el rumor de aquella procesión que lo acariciaba, remontando el camino. No alzó la mirada ni siquiera cuando oyó la voz de Hara Kei, a un paso de él, que decía