Explore "El hombre de fuego" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
El tamandúa seguía entregado a la tarea de subir a la orilla, sin apresurarse; y como en aquel sitio era muy escarpada, ayudábase el animal con las patas posteriores, bastante más robustas que las anteriores y armadas además de uñas larguísimas y duras como el acero.
Era facilísimo seguirle, porque el tamandúa se mueve muy despacio, y le son desconocidas la carrera y la marcha rápida.