Explore "Semana del hijo pródigo" by Manuel Gutiérrez Nájera on Textopian. Read with annotations and highlights.
NO FUE, EN VERDAD, lastimosa la vida del hijo pródigo, cuyas aventuras nos refiere el Evangelio, porque si bien es cierto que hubo de sufrir serios apuros y de pasar por lances apretados, también lo es que antes de estos merecidos infortunios se regaló a cuerpo de rey, y que después de ellos consiguió el perdón de su padre, y anejó a éste la paterna hacienda. Guardad, pues, vuestras lágrimas para derramarlas por más justa causa, tanto por lo que llevo dicho, cuanto porque el hijo pródigo no existió y sólo figura en el nuevo testamento como personaje de parábola, esto es, de ficción romancesca que entrañe alguna advertencia moral o alguna enseñanza religiosa. El hijo pródigo es la humanidad que en los tiempos prósperos se descarría y olvida de Dios, y en los adversos torna al redil, impetra la clemencia del Señor y la consigue. Bueno será, a pesar de todo, que no fiéis mucho de esa piedad suprema, dándoos, mientras la sangre os hierva, a vida alegre, con el propósito de arrepentiros en la vejez, porque pudiera acaecer que declaren en suspenso la parábola, privándoos de las garantías libérrimas que otorga al ciudadano, y vuestra conducta en todo caso sería siempre dañosa para la sociedad honesta, que prefiere no cometer delitos a llorarlos después de cometerlos. No porque San Dimas fue ladrón queráis serlo vosotras; ni porque la Magdalena amó mucho, améis demasiado, señoras mías; ni porque el hijo pródigo anduvo a salto de mata, haciendo fechorías, imitéis su vida truhanesca, esperanzadas en la misericordia de Dios. Estos fueron casos raros que no ocurren todos los días, y la regla general, la que casi siempre está vigente, es la de que «quien mal anda, mal acaba».
Cumpliendo mi propósito de aplicar el Evangelio a las necesidades de la vida moderna y de la industria, voy ahora a hablaros de la prodigalidad y de los hijos pródigos.