El arroyo by Eliseo Reclus — Read

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Lo mismo que los grandes ríos, el Ródano, Danubio ó la corriente del Amazonas, el mar está compuesto por millones de arroyos que afluyen á sus tributarios. Una vez mezcladas en el río sus aguas, afluyendo de todos los puntos de los continentes, se mezclan de un modo más completo en la inmensa profundidad del abismo marino, bastante grande para contener toda el agua que todos los ríos arrojarían durante cincuenta millones de años. Por sus movimientos de flujo y reflujo; sus movimientos ondulados, sus olas de tempestad y sus corrientes y contra-corrientes, pasea el agua de todos los ríos de una á otra extremidad del globo. La gota salida de una roca en las entrañas del monte, da la vuelta al planeta, purificada del aluvión que contenía, disuelve las moléculas salinas, y de onda en onda, según los parajes que atraviesa, cambia de peso específico, de salinidad, de color y de transparencia; la fauna infinitamente pequeña que la habita, se modifica también en los diversos climas: tan pronto son animáculos fosforescentes los que la pueblan y la hacen brillar durante las noches, como infusorios que la hacen parecerse á una mancha de leche. Su temperatura varía constantemente. En los mares polares la gota se transforma en un pequeño cristal de hielo; en los mares ecuatoriales se entibia bastante para que los corales puedan depositar sus moléculas de piedra.

Comparado con el océano sin límites, el arroyo de la montaña no es nada, y sin embargo, sus aguas, divididas hasta el infinito, se verían en todos los mares y en todas las riberas si fuera posible seguirlas con la vista en todo su inmenso recorrido.

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