Explore "La rosa del dong-giang" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
La mañana era triste; el cielo estaba gris, lúgubre, cargado de nubarrones. Una lluvia sutil caía lentamente, humedeciendo las estrechas calles de la ciudad, mientras de los montes del norte bajaba un viento frío que hacía estremecerse a las grandes hojas de los árboles y agitarse las banderitas que adornaban las cúpulas de los edificios y las terrazas.
El cortejo, formado por guerreros y caballeros, salió de la ciudadela y se dirigió hacia el cercado, erigido en medio de un llano.