Explore "Dios, tu Dios, te ungió con óleo de júbilo" by Jorge Mario Bergoglio on Textopian. Read with annotations and highlights.
El marco y el centro de esta liturgia crismal es el Júbilo. El Señor viene para anunciarnos un año de Gracia, un año Santo, un año Jubilar. Si bien en sus raíces se refiere a un instrumento musical, Jubilatio es la palabra que usa la lengua latina para describir los "gritos de alegría de los campesinos", la alegría de los trabajadores humildes, de los pequeños. Jubilare es "alborotar y gritar de alegría como la gente sencilla y los pobres cuando cantan. Lanzar gritos de alabanza a Dios". Es lo que nos describe Isaías en la primera lectura: el Señor prometido que vendrá a vendar los corazones desgarrados y a cambiar el abatimiento de los humildes en "cánticos" de júbilo.
El júbilo es la alegría de los pequeños: de los labradores que "cosechan con gritos de júbilo lo que sembraron con lágrimas"; de los pastores: ese regocijo que le anuncian los ángeles en la noche de Navidad; de nuestra Señora: el júbilo es la alegría de María e Isabel, ese gozo que les llena el alma y las hace rebosar de una alegría contagiosa; de Jesús: san Lucas nos dice que el Señor se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y alabó al Padre porque le había revelado sus cosas a los pequeños (Lc 10, 21). Y si nos fijamos bien, el júbilo de los humildes es un júbilo que se da en torno al trabajo: en la cosecha, al comienzo de la misión y al regresar de ella. Es esa alegría que viene luego de sufrir algo por Cristo, como le sucedió a los Apóstoles que salieron "dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús" (Hech 5, 41). Es el canto que suelta el corazón luego de haber estado contenido en medio de las angustias del trabajo. Es canto que une y que fortalece: "No estén tristes. La alegría del Señor es nuestra fortaleza" (Neh 8, 10).