Explore "Cien años de soledad" by Gabriel García Márquez on Textopian. Read with annotations and highlights.
En mayo terminó la guerra. Dos semanas antes de que el gobierno hiciera el anuncio oficial, en una proclama altisonante que prometía un despiadado castigo para los promotores de la rebelión, el coronel Aureliano Buendía cayó prisionero cuando estaba a punto de alcanzar la frontera occidental disfrazado de hechicero indígena. De los veintiún hombres que lo siguieron a la guerra, catorce murieron en combate, seis estaban heridos, y sólo uno lo acompañaba en el momento de la derrota final: el coronel Gerineldo Márquez. La noticia de la captura fue dada en Macondo con un bando extraordinario. «Está vivo», le informó Úrsula a su marido. «Roguemos a Dios para que sus enemigos tengan clemencia». Después de tres días de llanto, una tarde en que batía un dulce de leche en la cocina, oyó claramente la voz de su hijo muy cerca del oído. «Era Aureliano», gritó, corriendo hacia el castaño para darle la noticia al esposo. «No sé cómo ha sido el milagro, pero está vivo y vamos a verlo muy pronto».
Lo dio por hecho. Hizo lavar los pisos de la casa y cambiar la posición de los muebles. Unas semanas después, un rumor sin origen que no sería respaldado por el bando, confirmó dramáticamente el presagio. El coronel Aureliano Buendía había sido condenado a muerte, y la sentencia sería ejecutada en Macondo, para escarmiento de la población.